Fotografías de viajes

Un pequeño paseo por el mundo en imágenes

En las cercanías del actual municipio de Palenque (estado de Chiapas, México) se encuentra la zona arqueológica del mismo nombre, con los sitios arqueológicos mayas que fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por parte de la UNESCO en 1987.

La mejor forma de llegar al recinto arqueológico es alquilando un taxi desde la ciudad o utilizando uno de los múltiples transportes colectivos que realizan asiduamente ese recorrido.

Al llegar a los restos, lo primero que se aprecia tras caminar unos pasos entre la espesura, es una explanada al fondo de la cual se divisa “El Palacio”.

Al lado derecho, conforme se entra, se disponen varios edificios de no demasiada altura, rodeados de vegetación.

Templo de las inscripcionesExplanadaExplanada

El Palacio no sólo destaca al final de dicha explanada, sino que se impone en todo el conjunto arqueológico.

El Palacio Panorámica de El Palacio

Se puede visitar el interior del templo de la calavera y de las inscripciones, apreciándose las típicas estructuras con falsas bóvedas del mundo maya

Templo de la calaveraBóvedas mayas

El conjunto de las cruces se encuentra al fondo, pasado un pequeño arroyo, y está formado por el templo de las cruces, el templo del sol y el templo de la cruz foliada.

Templo del sol Grupo de las cruces

Desde lo alto del templo de la cruz se divisa una vista espectacular de todo el recinto.

Desde el templo de la cruz

En la parte de atrás del Palacio se encuentra otra gran explanada en la que se aprecia una cancha del juego de la pelota.

Juego de la pelotaOtra vista de la cancha ¿Graderíos?

También se encuentran otros edificios, como el Templo del Conde.

En el interior del Palacio está el llamado Patio de los Cautivos y la Torre.

A su alrededor se encuentran multitud de estelas con grabados y algún que otro resto de pinturas.

Tras la visita a los restos arqueológicos, es aconsejable volver a la ciudad de Palenque para alojarse y disfrutar a la mañana siguiente de un delicioso desayuno a base de tamales chiapanecos acompañados de un aromático café.

Ecoturismo en la Selva Lacandona

La Selva Lacandona saltó a la fama en los años noventa por convertirse en territorio controlado por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), grupo insurgente de raíces populares, liderado por el subcomandante Marcos. Desde esta intrincada selva situada en el Estado de Chiapas, cerca de la frontera con Guatemala, se proclamaron las sucesivas “Declaraciones” (de “la primera”, a “la sexta”) que constituyen la base ideológica, no sólo de ese movimiento, sino de otros grupos afines en todo el mundo.

Durante muchos años, tras la primera revolución, se mantuvo el statu quo de territorio prácticamente autónomo. Aunque había cierta presencia militar del gobierno federal, amparada en el control fronterizo y la persecución del tráfico de armas y “enervantes”, los zapatistas campaban a sus anchas por los distintos municipios que conforman dicho territorio.

Por su lado, los lacandones, pobladores originales de la selva que lleva su nombre, descendientes directos de los antiguos mayas, han mantenido su esencia (aún muchos visten con sus largos y blancos atuendos tradicionales, y hablan entre ellos un dialecto del maya) adoptando cierta equidistancia relativa (muchos de los integrantes del EZLN son lacandones, pero otros grupos se han confrontado directamente al movimiento zapatista, pasando a colaborar con los federales).

Durante siglos, los lacandones han basado su economía en la agricultura nómada, quemando extensiones más o menos amplias de selva para cultivarlas durante unos años, y luego abandonarlas para que la vegetación silvestre reconquistara el terreno. Esta técnica se convierte en ecológicamente insostenible bajo cierta presión demográfica, por lo que en los últimos años, convencidos por las subvenciones recibidas por el gobierno del Estado de Chiapas, pero también con el apoyo del EZLN, han ido derivando su tradicional base económica hacia el turismo sostenible o ecoturismo.

La verdad es que las posibilidades de este tipo de turismo en la Selva Lacandona son impresionantes. De un lado, se trata de un territorio prácticamente virgen, con gran profusión de lagos, ríos y arroyos; montañas relativamente importantes (los Montes Azules son considerados Reserva de la Biosfera), y la selva esmeralda inundando el paisaje. Por otro lado, la historia subyacente, con presencia de importantes yacimientos arqueológicos de origen maya. No olvidemos que, en las inmediaciones, se encuentran los impresionantes restos arqueológicos de Bonampak (con la denominada capilla sixtina del mundo maya, situadas justo en medio de la Selva Lacandona y, hasta hace unos años sólo accesibles por aire gracias a una pequeña pista de aterrizaje construida a su lado), las de Yaxchilán (en la frontera natural del río Usumacinta con Guatemala) y las de Lacanjá, engullidas por la selva y actualmente visitables únicamente haciendo un emocionante y largo trekking a través de la jungla.

TemploAlejandroÁrbol

En este contexto se inscribe la visita que realicé en diciembre de 2005 a Lacanjá-Chansayab, un poblado lacandón en el que se encuentra el Campamento Río Lacanjá. En dicho campamento, se dispone de varias cabañas de muy diversas categorías y precios, desde la más humilde palapa dotada de una simple hamaca para dormir, hasta lujosas cabañas con varias habitaciones, camas king size, agua caliente,…

Cabaña del ríoCabaña lujosa

En dicho campamento, regentado por indios lacandones, se pueden contratar diversas excursiones y actividades: trekkings varios por la selva, visita de restos arqueológicos mayas, refrescantes baños bajo cascadas de aguas cristalinas, descenso (rafting) de balsas por el río,…

La mejor forma de llegar a Lacanjá-Chansayab es desde Palenque, puerta natural hacia la Selva Lacandona. Se puede tomar un “colectivo” (pequeños autobuses típicos de la zona) que vaya hacia la Carretera Fronteriza (Frontera Corozal) hasta Crucero San Javier, y luego tomar la carretera hacia el poblado. Hay varios colectivos directos desde Palenque todos los días (“Transportes Chamoan”, unos 60 pesos, ó 5 euros). Son unos 140 kilómetros que se hacen en algo más de 2 horas.

Es posible reservar con varias agencias tanto el alojamiento como las actividades (http://www.ecochiapas.com/lacanja), pero si vas a ir en temporada baja (casi todo el año, excepto en Semana Santa y Navidad), vale la pena que vayas por tu cuenta y negocies directamente con los responsables (puedes llegar a conseguir una cabaña por algo menos de los 20 euros habituales por noche, según la época).

Recomendables son también los abundantes desayunos a base de zumos, café, huevos revueltos, frijoles, tortitas y quesadillas. Ideales para tomar fuerzas antes de una jornada movidita.


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